Día Mundial de la Libertad de Prensa: sin periodistas libres, no hay periodismo

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, la Asociación de Profesionales de la Comunicación de Avilés (APCA) quiere reivindicar el periodismo, en todas sus vertientes, como uno de los pilares básicos de la democracia, tanto en lo referente al derecho de la ciudadanía a recibir una información veraz, como en lo que toca a la función de control y transparencia en la acción de los poderes públicos.

En este día, queremos recordar a los 156 compañeros y compañeras asesinados en 2016, en el ejercicio de esta profesión tan hermosa e imprescindible como difícil de ejercer en libertad y seguridad, no ya solo en los países en conflicto, sino también en otros con sociedades y regímenes corruptos y/o violentos, como está sucediendo en América Latina, donde en lo que va del presente año ya han perdido su vida 14 periodistas a manos de sicarios de un poder opaco, vinculado a la corrupción y el narcotráfico.

El derecho a la libertad de información va más allá de la mera libertad de empresa que solo atiende la existencia o no de trabas legales a su libre ejercicio y concurrencia. Por eso, desde APCA exigimos el derecho que nos asiste para poder desempeñar nuestra profesión en libertad, sin más presiones que las que dicta la honestidad, la ética personal y el propio código deontológico.

El ejercicio periodístico es, en un país como España, cada día más difícil, dada la situación de precariedad absoluta, tanto en medios locales, regionales o nacionales, en la que malvive una parte importante de la profesión, dividida en un minúsculo y engañoso “star system” que invisibiliza un modelo de profesionales modestamente pagados y, sobre todo, un importante sector mayoritariamente sometido a unas condiciones de temporalidad extraordinarias y con unas remuneraciones propias de la exclusión social, que, en demasiadas ocasiones, sólo se elude gracias a la red familiar.

Exigimos, por ello, unas condiciones laborales justas y suficientes, con el amparo de los poderes públicos, para acabar con situaciones de auténtica explotación, rayanas a la esclavitud, y que deben ser perseguidas y condenadas de oficio para hacer posible un modelo veraz y contrastado que dé respuesta al derecho a la información de la ciudadanía.

Sin periodismo no hay democracia, pero, sobre todo, sin periodistas libres no hay periodismo.